Las gafas que hacen ‘ver’ a los ciegos


Cierro los ojos. Me pongo unas gafas. Intento coger el libro que dejé sobre la mesa, pero la oscuridad me impide encontrarlo. Me dejo guiar por la persona que me acompaña. Por fin lo tengo. Abro una página cualquiera y la sitúo a 30 centímetros de mi cara. Y, de repente, una voz de mujer empieza a ‘leerlo’ en mi oído: “Una de las virtudes del tiempo es la de hacer todo mucho más relativo…”.

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